2. Impacto ambiental y medidas de protección

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El impacto ambiental de las operaciones de minería a cielo abierto depende en gran medida del tipo de proyecto. Debido a ello, se hará una distinción entre los efectos ambientales de cada proyecto y las medidas destinadas a contrarrestarlos.

2.1 Posibles efectos ambientales de la minería a cielo abierto

Independientemente del tipo de proyecto, los efectos ambientales de la minería a cielo abierto dependen siempre de la extensión y de la ubicación del terreno explotado, sobre todo en lo que respecta a las condiciones climáticas, regionales y de infraestructura. En los siguientes puntos hemos clasificado los efectos potenciales según el método de extracción de materias primas, a fin de facilitar la comprensión.

Tabla 2 - Minería a cielo abierto: Métodos de explotación y principales efectos ambientales

  EXTRACCION EN SECO EXTRACCION EN HUMEDO EXTRACCION EN LA PLATAFORMA CONTINENTAL EXTRACCION MARINA DE PROFUNDIDAD
superficie terrestre devastación de superficies; alteración de la morfología; peligro de derrumbes en frentes de arranque; destrucción de bienes culturales Devastación de superficies, modificación de la morfología y del curso de los ríos; formación de grandes escombreras modificación de la morfología del suelo marino; erosión costera  
aire ruido y vibraciones en general, ruido y vibraciones de detonaciones; formación de polvo por tráfico y erosión; humos (incl. humos de escombreras autoinflamadas); vapores de voladura, gases nocivos Ruido producido por equipos generadores de energía, trabajos de extracción, tratamiento y transporte; gases de escape ruido; gases de escape ruido; gases de escape
aguas superficiales alteración del ciclo de nutrientes (posible eutrofización); contaminación con aguas residuales; contaminación causada por una intensificación de la erosión desnitrificación; contaminación del cauce receptor con grandes cantidades de aguas residuales lodosas y/o con aguas residuales contaminadas enturbiamiento; incremento de la demanda de oxígeno; contaminación con aguas residuales enturbiamiento; incremento de la demanda de oxígeno; contaminación con aguas residuales
aguas subterráneas descenso del nivel freático; deterioro de la calidad de las aguas subterráneas alteración del balance hídrico y de la calidad de las aguas subterráneas    
suelo erosión en la zona de explotación; disminución del rendimiento, desecación, hundimiento del suelo, peligro de empantanamiento tras el restablecimiento del nivel freático, erosión erosión en la zona de explotación modificación del suelo marino y reducción de nutrientes en el mismo reducción de nutrientes en el suelo marino
flora destrucción de la flora en el área de explotación; destrucción parcial/alteración de la flora en el área circundante debido a cambios del nivel freático destrucción de la flora en el área de explotación    
fauna desplazamiento de la fauna desplazamiento de la fauna destrucción de organismos marinos inmóviles (corales) destrucción de organismos marinos inmóviles (corales)
población conflictos relacionados con el uso del suelo; establecimiento o desarrollo de asentamientos a raíz de las actividades mineras, destrucción de zonas de recreación conflictos relacionados con el uso del suelo; conflictos sociales en períodos de auge, establecimiento o desarrollo de asentamientos debido a las actividades mineras deterioro de la pesca (destrucción de zonas de desove) deterioro de la pesca (destrucción de zonas de desove)
edificaciones daños causados por el agua tras restablecer el nivel freático      
otros posible modificación del microclima modificación del microclima; proliferación de agentes patógenos y vectores en aguas estáticas    

2.1.1 Minería a cielo abierto con extracción en seco

La minería a cielo abierto abarca la extracción en rocas sueltas y en rocas consolidadas. En los capítulos siguientes se hará referencia, en caso necesario, a las repercusiones específicas de cada tipo de extracción. Los efectos sobre el medio ambiente han sido clasificados en efectos físicos, biológicos y sociales.

· Efectos físicos

La extracción de un recurso natural no renovable constituye el mayor efecto ambiental de la minería a cielo abierto. Además de la extracción de la materia prima en sí, deben tenerse en cuenta la destrucción de partes del yacimiento, así como la imposibilidad de aprovechar todo el material útil debido a pérdidas durante la explotación, al abandono de pilares y de segmentos del yacimiento no rentables y a la sobreexplotación. En la extracción de materias primas gasificables e inflamables (por ejemplo, carbón y turba) pueden destruirse recursos a consecuencia de incendios latentes de mantos.

Las explotaciones a cielo abierto llegan a abarcar superficies extensas. Además de la mina en sí, las explotaciones incluyen escombreras externas que, en explotaciones profundas en rocas consolidadas (por ejemplo, explotaciones a cielo abierto de menas), llegan a tener grandes dimensiones. A ello se suman los vertederos para los residuos del procesamiento, que en el caso de menas con bajo contenido metálico también requieren una gran superficie, y las superficies de infraestructura (complejos de viviendas para los mineros, suministro de energía, vías de transporte, talleres, oficinas administrativas, plantas de tratamiento, etc.). En vista de que las actividades mineras se realizan necesariamente en el propio yacimiento, su ubicación y dimensiones son el resultado de las características geológicas del depósito y de las rocas encajantes. Dado que la explotación a cielo abierto conlleva una alteración significativa de la corteza terrestre, debe ponderarse a fondo desde un comienzo si la explotación es tolerable en las condiciones dadas.

La explotación minera a cielo abierto tiene el doble efecto de eliminar las capas superiores del suelo en algunos lugares (extracción) y de cubrirlas en otro (establecimiento de escombreras). En la mayoría de los países industrializados existen disposiciones que regulan el manejo del suelo cultivable de la superficie terrestre. Según ellas, antes de iniciar las labores de minería a cielo abierto, el suelo cultivable debe ser transportado a otro sitio y almacenado temporalmente. Además, pueden existir disposiciones que regulen la reconstitución del suelo y el restablecimiento de condiciones de cultivo en áreas de relleno.

La preparación de la mina y el establecimiento de escombreras externas y vertederos son actividades que alteran temporalmente la morfología superficial del suelo. Además, al restaurar la capa vegetal en tajos abandonados, quedan depresiones, cuyo tamaño depende del volumen de material extraído durante la explotación y que constituyen una alteración morfológica permanente del suelo. Los tajos en rocas consolidadas producen alteraciones especialmente importantes, pues suelen tener una pendiente pronunciada y muchas veces -por ejemplo, en las canteras- carecen de material para el relleno. La extracción en rocas sueltas produce cambios morfológicos debido, por una parte, a las escombreras exteriores que reciben los desmontes durante la exploración de la mina, y, por otra, al hundimiento del suelo provocado por el desagüe.

La minería a cielo abierto interviene además en el régimen de aguas superficiales mediante la captación y la canalización de corrientes de agua. Las obras se extienden tanto al perímetro de la mina como a las superficies de explotación, y tienen por finalidad proteger la mina contra flujos de aguas superficiales y subterráneas. Los cauces de los ríos son desviados alrededor de la mina, mientras que el agua superficial acumulada, proveniente de precipitaciones o del drenaje de taludes, se recoge en estanques y se vierte en la red hídrica natural. Estas medidas pueden aumentar la carga de sedimentos y modificar la composición química del agua, pudiendo deteriorar la calidad del agua en el cauce receptor.

La minería a cielo abierto en rocas sueltas altera el balance hídrico de las aguas subterráneas, pudiendo deteriorar la calidad de éstas (infiltración de aguas residuales contaminadas) o producir efectos de lixiviación en las escombreras y en la mina misma. En muchos casos se hace necesario bajar el nivel de las aguas subterráneas para evitar que éstas penetren en el tajo. Esto se hace mediante pozos abiertos, ubicados dentro y alrededor de la explotación, los cuales hacen descender el nivel del agua por debajo del piso inferior de la mina. Ello permite explotar la mina en seco y reduce la presión sobre los frentes inclinados y el piso, garantizando la estabilidad de éstos. Por lo general, el agua de los pozos no está contaminada y puede evacuarse directamente en las aguas superficiales. La reducción del nivel freático en el entorno de la mina tiene consecuencias significativas, entre las cuales deben mencionarse especialmente:

- desecación de pozos en los alrededores,
- hundimientos del terreno,
- desequilibrios en la vegetación causados por cambios en las aguas subterráneas.

Al finalizar la explotación a cielo abierto, las depresiones creadas por la extracción del mineral y de las masas de estéril durante el descapotado se llenan hasta el nivel freático y se convierten en lagos, los cuales se alimentan generalmente de aguas subterráneas. El acuífero recupera su nivel de acuerdo a la profundidad del tajo y las condiciones hidrogeológicas. La recuperación puede ser muy lenta, y en ciertos casos dura más de 50 años. Además, si la zona de contacto entre agua y suelo contiene sustancias solubles, o si se han depositado en el suelo cenizas de una planta térmica o residuos industriales, puede deteriorarse la calidad del agua. El problema más difundido en este contexto es el de un pH demasiado bajo del agua lacustre. La falta de afluentes y efluentes agudiza el problema y favorece la eutrofización, sobre todo cuando las áreas colindantes están sometidas a una explotación agrícola intensiva.

Las labores de explotación son, además, una fuente de contaminación acústica, debido a las máquinas y equipos necesarios para arrancar, cargar, transportar, transferir y realizar otras operaciones con el mineral. Las barrenas y los explosivos son fuentes adicionales de contaminación acústica cuando el mineral se extrae de rocas consolidadas. Además del ruido de las voladuras, las vibraciones producidas por éstas contaminan el medio ambiente de forma dinámica, constituyen una molestia para las poblaciones vecinas y causan daños a construcciones.

Por último, las explotaciones a cielo abierto contaminan la atmósfera. Las causas y efectos de ello son muy diversos:

- La contaminación atmosférica es producida, por una parte, por la voladura de rocas, cuyo polvo es dispersado por las explosiones. Otra fuente de contaminación con polvo son las partículas de materiales expuestos, las cuales son levantadas y arrastradas por el viento, sobre todo durante las labores de carga, transferencia y vertido.

- La contaminación atmosférica causada por gases puede ser consecuencia de las emisiones de escape de vehículos y motores (que generalmente consumen combustible diesel), así como de los vapores de voladura. En las explotaciones a cielo abierto de carbón, existen también otros peligros ligados a las características del yacimiento: por una parte, al extraer carbón de grandes profundidades puede desprenderse metano; por otra, los incendios provocados por la combustión espontánea del carbón pueden liberar gases tóxicos.

En las explotaciones a cielo abierto de carbón, un clima seco y caliente representa un considerable peligro de incendio, pudiéndose producir la combustión espontánea del carbón expuesto en los pisos de la mina o en los puntos de carga y transferencia.

En los vertederos de desmonte o de relave con bajo contenido en carbón, la inflamación espontánea puede provocar incendios latentes (sin llama) difíciles de apagar. Este tipo de incendios puede contaminar el medio ambiente con malos olores y gases tóxicos durante años e incluso décadas.

- En casos especiales, por ejemplo cuando se explotan yacimientos de uranio o de pegmatitas en tierras raras, puede producirse contaminación radiactiva.

· Efectos biológicos

Para extraer materias primas a cielo abierto es necesario eliminar las capas cobertoras, dejando el yacimiento completamente al descubierto. Como consecuencia, se destruye la flora en la zona de extracción, así como en las escombreras y en las diversas instalaciones de infraestructura de la mina.

La fauna, por su parte, es desplazada de la zona minera debido a la destrucción de su hábitat natural.

Los ecosistemas acuáticos sufren los efectos de una alteración de la calidad y la cantidad de las aguas superficiales, mientras que las zonas húmedas reaccionan ante los cambios del nivel freático (empantanamiento, descenso del nivel freático o sumersión causada por el restablecimiento del nivel freático original). Sobre todo los sistemas ecológicos frágiles en ubicaciones extremas son degradados a largo plazo o destruidos.

Los ecosistemas terrestres -por ejemplo, los que dependen de aguas subterráneas- también se ven afectados por la explotación minera. Después de abandonar la mina el terreno sufre una modificación irreversible, a pesar de las medidas de recultivo. La modificación se debe a los cambios físicos y químicos del suelo, a cambios en los recursos hídricos y a otros factores que conducen al establecimiento de comunidades vegetales y animales distintas a las originales.

· Efectos sociales

Debido a la magnitud de las explotaciones y a la necesidad de ubicar éstas en el lugar del yacimiento, la minería a cielo abierto tiene un fuerte impacto sobre el entorno humano. Las consecuencias más comunes de la explotación son:

- la necesidad de reubicar a los habitantes de la zona a ser explotada. La explotación a cielo abierto no sólo exige la reubicación de poblaciones, sino también de vías de transporte y de comunicación. A los daños económicos se suman repercusiones sociológicas y culturales, las cuales son especialmente pronunciadas cuando la población se encuentra arraigada en un espacio vital reducido o está aferrada a sitios sagrados o de importancia religiosa, así como a estructuras tribales, soberanías territoriales, etc.

- conflictos relacionados con el uso del suelo. Estos surgen a menudo cuando existen explotaciones agrícolas y forestales en el terreno a ser explotado o cuando se encuentran en él monumentos culturales importantes, zonas de recreo, etc., que serían destruidos o afectados por la explotación minera.

Las explotaciones a cielo abierto pueden ocasionar la pérdida de terrenos de uso agrícola, debido, entre otras cosas, a su extensión o a la degradación de la flora y la fauna. Esto implica, a su vez, la eliminación de fuentes de ingresos y, en casos extremos, el reasentamiento de poblaciones enteras. Por lo tanto, antes de iniciar el proyecto, será necesario examinar la situación en conjunto con la población, a fin de identificar las consecuencias y repercusiones que tendrá el proyecto para los diversos grupos sociales, sobre todo para las mujeres. Asimismo, será necesario determinar si las mujeres podrán participar adecuadamente de las ventajas económicas generadas por la explotación minera.

La minería, por otra parte, puede producir riesgos sanitarios para los mineros y para las personas que viven en los alrededores.

Por último, la dotación de infraestructura minera puede provocar el establecimiento o el desarrollo incontrolado de asentamientos.

2.1.2 Minería a cielo abierto con extracción en húmedo

Al describir los efectos ambientales de la minería con extracción en húmedo hemos mantenido la clasificación previa referente al impacto físico, biológico y social. En casos en que las consecuencias sean idénticas, se hará referencia al párrafo correspondiente del punto 2.1.1.

· Efectos físicos

Para la extracción en húmedo de materias primas es necesario que el yacimiento y el mineral cumplan ciertos requisitos: se requieren, entre otras cosas, un bajo grado de consolidación, propiedades granulométricas adecuadas del mineral, una topografía llana y equilibrada del terreno y reservas de agua en cantidad suficiente. Por lo tanto, el número de posibles emplazamientos y, por consiguiente, de los efectos ambientales, es menor que en la extracción en seco.

Las diferencias surgen en relación con la dimensión del área de la explotación. Por lo general, la extracción en húmedo ocupa superficies muy reducidas. La superficie de explotación de las dragas empleadas en la extracción de metales preciosos o de estaño generalmente no supera 1 hectárea, a menos que sea necesario descapotar el yacimiento antes de iniciar la extracción. Sin embargo, esta superficie de extracción avanza más o menos rápidamente sobre toda la zona explotada, la cual queda totalmente modificada a causa de la actividad minera. Las labores en seco implican un movimiento de tierras; las labores fluviales, en cambio, modifican totalmente el lecho del río y alteran las condiciones de flujo a lo largo del mismo. Como consecuencia de la explotación, se acumulan desmontes con grandes cantidades de material clasificado que no contiene prácticamente partículas finas ni ultrafinas.

Esto dificulta considerablemente la restauración del suelo, condición indispensable para el establecimiento de comunidades vegetales. Las fracciones de partículas finas y ultrafinas, por su parte, contaminan las aguas superficiales con grandes cantidades de aguas residuales lodosas. El enlodamiento causado por la extracción en húmedo puede contaminar visiblemente el agua por varios cientos de kilómetros, hasta que se sedimenta la fracción de arcilla en suspensión. Otro factor que puede agravar la contaminación del río es el flujo de aguas residuales contaminadas. Ejemplo de ello es la emisión de mercurio procedente del tratamiento de placeres auríferos por vía húmeda o la eliminación incontrolada de aceite usado.

Los peligros relacionados con los recursos naturales, el ruido y el aire se reseñan en el punto 2.1.1.

· Efectos biológicos

La extracción en húmedo, al igual que la extracción en seco, destruye la flora y desplaza la fauna; pero además afecta intensamente al ecosistema acuático del río. Como se señaló arriba, la minería aumenta la carga de lodo del río. El lodo, a su vez, deteriora la calidad del agua, altera el lecho del río con depósitos de partículas finas y ultrafinas y trastorna el régimen de nutrientes, atacando finalmente la fauna y la flora. Muchas veces la contaminación provoca una disminución de la población de peces, los cuales mueren o abandonan los tramos afectados del río.

Otro grave peligro para el medio ambiente son las aguas estancadas procedentes de la extracción en húmedo de minerales en zonas tropicales. Estas aguas pueden convertirse en focos de incubación de agentes patógenos y vectores, sobre todo de la malaria, pudiendo provocar incluso un nuevo brote de enfermedades tropicales erradicadas previamente en la región.

· Efectos sociales

La extracción de minerales en llanuras de inundación fértiles o en superficies fácilmente irrigables puede generar graves conflictos relacionados con el uso de la tierra, sobre todo en zonas donde gran parte del terreno es estéril. Dependiendo de la ubicación y de las características del lugar, algunos de los daños causados pueden ser irreversibles, a pesar de las medidas destinadas a recuperar el terreno. Mientras que las cargas de lodo mencionadas arriba suelen tener un efecto temporal sobre las actividades pesqueras, los problemas sanitarios generados por la contaminación de los ríos (por ejemplo, con mercurio) son permanentes e irreversibles.

Los conflictos sociales ocasionados por la minería en húmedo son especialmente graves en lugares donde, durante períodos de auge -por ejemplo, durante una fiebre de oro local-, se han formado grandes asentamientos de pequeños mineros (diggers, garimpeiros, pirquineros), muchos de los cuales no poseen títulos legales para la explotación. Estos asentamientos suelen tener numerosos problemas (criminalidad, especulación, explosión de precios, enfermedades, tensiones sociales con la población local, etc.), los cuales se agravan a medida que se hace más difícil la explotación de yacimientos inicialmente ricos o cuando éstos empiezan a agotarse.

2.1.3 Minería marina en aguas costeras

Al describir los efectos ambientales de la minería marina, no examinaremos por separado la minería en aguas profundas, debido a la importancia limitada que tiene ésta actualmente para la extracción de materias primas minerales. Los efectos ambientales de este tipo de minería son comparables a los de la minería marina en aguas costeras. La extracción con excavadora de cangilones o con dragas de succión está restringida a aguas con una profundidad máxima de unos 50 metros.

· Efectos físicos

El impacto más grave de la minería marina son las alteraciones del suelo marino causadas por la extracción. El proceso empleado consiste en extraer el suelo marino mecánica o hidráulicamente, a fin de separar el mineral en la planta de tratamiento del barco. La alteración de la morfología y de la composición del fondo marino implica la reestructuración total de éste. Ello se debe a los procesos naturales de clasificación que tienen lugar al sedimentarse las partículas residuales de tamaño excesivo, las colas. y, en caso dado, los desmontes. Esta clasificación se produce al tratar materias primas que se dan en concentraciones muy bajas (por ejemplo, arenas con minerales pesados) y cuyo tratamiento produce grandes cantidades de material estéril. Por otra parte, cuando un alto porcentaje de las materias primas extraídas tiene valor comercial (arena, grava), su extracción en grandes cantidades modifica la morfología del suelo marino. Tal modificación puede intensificar la erosión costera y la acumulación de sedimentos, ya que el "nuevo" suelo marino es menos compacto o no está cementado con partículas finas y ultrafinas.

Las partículas finas y ultrafinas se producen como residuo del beneficio del mineral o son levantadas durante los trabajos de extracción en el fondo oceánico, pudiendo permanecer en suspensión durante mucho tiempo y causar un fuerte enturbiamiento del agua. Las aguas turbias son acarreadas por corrientes marinas y pueden crear focos de contaminación a más de 10 kilómetros del punto de emisión.

En aguas mansas, las partículas finas y ultrafinas se precipitan y cubren el lecho marino con una capa de arcilla.

Además, al igual que en la explotación minera con extracción en seco, el equipo de minería, las máquinas y los aparatos producen ruido y contaminan el aire y el agua.

· Efectos biológicos

Las modificaciones del suelo marino alteran el ciclo natural de los nutrientes en el fondo marino, tanto en la zona de extracción como en el entorno contaminado. Los organismos marinos inmóviles (por ejemplo, corales) resultan particularmente afectados y pueden ser destruidos parcial o totalmente por el fuerte enturbiamiento y por los sedimentos de partículas ultrafinas.

Las nubes de enturbiamiento no afectan únicamente al suelo marino, sino que alteran las condiciones vitales en el agua. Los efectos más marcados son: disminución de la insolación y del oxígeno disponible debido a la oxidación de partículas agitadas, obstrucción de las vías respiratorias de los animales marinos y posible envenenamiento de éstos a causa de trazas de metales.

La fauna marina móvil abandona su hábitat para evadir esta contaminación, pero no puede impedir la destrucción de sus zonas de desove.

· Efectos sociales

Dado que la minería marina no afecta directamente al entorno vital del hombre, el impacto social se reduce a conflictos de aprovechamiento, principalmente con la pesca y con áreas de expansión y de recreo.

2.2 Medidas para limitar el impacto ambiental de la explotación minera a cielo abierto

A continuación, se presentan algunas opciones técnicas encaminadas a limitar los efectos ambientales. Estas han sido clasificadas en medidas previas, paralelas y posteriores a las actividades mineras. La experiencia indica que para reducir los efectos ambientales se requiere un marco institucional adecuado, así como disposiciones apropiadas cuyo cumplimiento y control deben estar garantizados.

2.2.1 Medidas previas a las actividades mineras

La medida preliminar más importante consiste en determinar el estado actual del medio ambiente, a fin de tener un punto de referencia para medir los posteriores efectos ambientales. Deben tenerse en cuenta los monumentos culturales e históricos, los suelos, la calidad y el volumen de las aguas superficiales y subterráneas, así como la flora, la fauna, el uso del suelo, etc.

Antes de explotar placeres marinos debe hacerse un inventario de la flora y de la fauna marinas y determinar las corrientes de agua, la pendiente del lecho marino, etc.

La planificación exacta de las operaciones permite limitar considerablemente el impacto ambiental, incluso antes de iniciar las actividades mineras. Un cronograma adecuado de operaciones permite, por ejemplo, archivar y conservar los hallazgos arqueológicos, talar madera útil en la zona de explotación y limitar el tiempo que permanece destapada la mina. De la misma forma, mediante la separación cuidadosa y el almacenamiento por separado del humus y de los horizontes superiores del suelo, es posible asegurar el material necesario para la recuperación posterior del área de explotación. Un desagüe localizado y efectuado correctamente en etapas, en conjunto con nuevas técnicas de drenaje o medidas de sellado, contribuye a minimizar los efectos producidos por el descenso del nivel de las aguas subterráneas.

La población afectada que sufre los efectos directos o indirectos de la minería (por ejemplo, reasentamiento o consecuencias del deterioro de la actividad pesquera) debe participar en las decisiones importantes de la planificación, a fin de tener la oportunidad de defender sus intereses y prevenir posibles tensiones sociales. Es sumamente importante obtener una participación adecuada de los grupos afectados y de las autoridades locales en la planificación y ejecución de medidas de reasentamiento, pago de indemnizaciones y eventual retorno a las antiguas propiedades.

Finalmente, antes de iniciar las labores de minería, debe realizarse una campaña de capacitación y sensibilización en materia de protección ambiental y salud, dirigida a los encargados de la toma de decisiones y a quienes participan en las actividades mineras.

2.2.2 Medidas paralelas a las actividades mineras

A fin de reducir al mínimo la superficie de explotación, el material estéril debe depositarse en vertederos internos; es decir, en los espacios abiertos por la explotación.

Para reducir el nivel de ruido durante las labores, deben usarse dispositivos silenciadores en los equipos. Algunas máquinas pueden aislarse completamente con revestimientos antirruido o dotarse de tubos de escape y silenciadores especiales. Además, los mineros pueden protegerse individualmente, por ejemplo mediante el uso de protectores para los oídos. Finalmente, es posible limitar los períodos durante los cuales se emite ruido, por ejemplo realizando voladuras una sola vez por día. La construcción de barreras antirruido puede reducir además la difusión de ondas sonoras en los alrededores de las fuentes emisoras.

El uso óptimo de explosivos reduce considerablemente las emisiones de ruido y de polvo provenientes del arranque de rocas consolidadas. La planificación óptima de las voladuras (cantidad de explosivos, adecuación de la red de perforación y taponado de perforaciones cargadas) permite reducir la cantidad de explosivos, limitando de esta manera la potencia de las vibraciones, la dispersión de partículas ultrafinas y el ruido causado por la detonación.

Otras medidas individuales, tales como el humedecimiento de caminos, el lavado del equipo de transporte (por ejemplo, de camiones), la aspersión y el restablecimiento de la cubierta vegetal en las escombreras y demás superficies expuestas así como el uso de aglomerantes contribuyen a evitar las emisiones de polvo en las explotaciones. Además, se pueden insonorizar aparatos específicos, por ejemplo machacadoras (chancadoras) en sistemas de cintas transportadoras, dotándolos de un revestimiento aislante. La siembra de árboles o setos ayuda a detener la erosión eólica y favorece la precipitación del polvo. Los aparatos de perforación deben equiparse con dispositivos para precipitar el polvo, ya sea en seco o en mojado.

Las plantas depuradoras eliminan las sustancias sólidas en suspensión y neutralizan y purifican las aguas residuales, a fin de que el efluente cumpla normas mínimas de calidad. Para cada solución o suspensión existen procesos adecuados de separación líquido/líquido o sólido/líquido que deben utilizarse para purificar las aguas contaminadas. Para depurar aguas ácidas contaminadas con metales se pueden usar, por ejemplo, procesos electrolíticos; en el caso de aguas residuales radiactivas, puede aplicarse una técnica de intercambio de iones. Por otra parte, deben aprovecharse todas las posibilidades de combatir las causas de contaminación. Por ejemplo, un filtro ultrafino dispuesto en derivación en el circuito de lubricación de un motor prolonga la utilidad del aceite y puede reducir hasta en un 90% el volumen de lubricantes usados que hay que eliminar.

Las dragas para la explotación de placeres marinos en la plataforma litoral deberían estar equipadas con un canalón prolongado de descarga del descapote, que permita cubrir los desechos gruesos detrás de la draga, restableciendo así al máximo la composición granulométrica natural del suelo marino.

La extracción en húmedo en un lago artificial es preferible a la extracción en el cauce fluvial, puesto que reduce considerablemente la carga de lodo en el río.

Los pozos de exploración y otros agujeros de perforación de tamaño importante en desuso deben sellarse, ya que podrían desequilibrar los horizontes impermeables que retienen las aguas subterráneas.

Particularmente en frentes de arranque frágiles, el talud del perímetro de la mina debe ser tal que impida movimientos de tierra, tales como deslizamientos y derrumbes.

Al planificar la extracción en seco de carbón, debe preverse la protección de escombreras susceptibles de combustión espontánea, compactando la superficie e impidiendo el paso del aire. Los pilares y frentes de explotación abandonados también deben sellarse para impedir incendios latentes.

Las medidas especiales que pueden tomarse para proteger los ecosistemas vecinos incluyen la prohibición de acceso, el cercado y el bloqueo de vías.

Para proteger a la población afectada deben tomarse medidas tales como el nombramiento de un encargado de asuntos medioambientales y/o de seguridad en la mina y la asignación de médicos para la atención de los mineros. Dada la imposibilidad de restringir los daños ambientales a la superficie de explotación, debe brindarse atención médica a todas las personas que viven en los alrededores.

Paralelamente a las actividades mineras y a las medidas encaminadas a reducir los efectos ambientales de la explotación a cielo abierto, deben vigilarse constantemente todos los factores ambientalmente relevantes, recurriendo para ello a mediciones de control (monitoría). Los factores más importantes son: gases de escape, nivel de ruido, vibraciones, contaminación del agua, emisiones de polvo, movimientos/estabilidad de taludes, hundimientos y nivel freático.

2.2.3 Medidas posteriores a las actividades mineras

Después de agotar una sección del yacimiento y de haberla rellenado con desmontes de otros frentes de explotación, deben emprenderse inmediatamente medidas de saneamiento. En vista de que las explotaciones a cielo abierto suelen ocupar grandes extensiones, las medidas de recuperación en las secciones agotadas se realizan simultáneamente con las labores de extracción en otras secciones. Lo mismo debe hacerse en explotaciones con extracción en húmedo ubicadas fuera del cauce de un río. La recuperación del terreno afectado debe hacerse procurando restablecer las condiciones naturales del paisaje.

Sobre todo en zonas tropicales, conviene drenar y nivelar todas las superficies beneficiadas en húmedo, a fin de evitar acumulaciones superficiales de agua que podrían convertirse en focos de incubación de agentes patógenos y vectores, especialmente de la malaria. Sin embargo, en algunos casos, las acumulaciones de agua creadas por la explotación a cielo abierto pueden servir de reserva en época de sequía o aprovecharse como fuente de ingresos, por ejemplo para la piscicultura.

Las escombreras y los perímetros de la mina, al igual que las pilas de desmonte externas y las antiguas superficies de explotación, deben recultivarse inmediatamente con vegetación autóctona, a fin de limitar o prevenir la erosión -sobre todo en zonas tropicales de clima húmedo- así como la erosión eólica en zonas áridas. En zonas particularmente vulnerables deben utilizarse métodos especiales para controlar la erosión (por ejemplo, drenaje y consolidación).

Finalmente, conviene sanear progresivamente las superficies explotadas para dedicarlas a la agricultura, o bien restablecer las condiciones naturales para destinarlas a otros fines. Para poder aprovechar el terreno, será necesario aplanarlo, compactarlo y cubrir las superficies mecánica o hidráulicamente con capas de tierra y humus, a fin de permitir el restablecimiento de la cubierta vegetal y poder cultivar la tierra. Sin embargo, el recultivo del terreno afectado representa tan solo una posibilidad de minimizar el impacto ambiental. Debe tenerse en cuenta especialmente que las medidas de recuperación toman mucho tiempo y que su éxito no está garantizado. El recultivo de superficies, especialmente en zonas tropicales, no ha sido lo suficientemente estudiado y desarrollado en lo que respecta, por ejemplo, a las consecuencias de ciertos ciclos de cultivos y especies apropiadas para el lugar.

El recultivo satisfactorio depende, además, del restablecimiento de las características físicas (permeabilidad, granulación y/o tipo de suelo) y químicas (pH, contenido en nutrientes, ausencia de contaminantes) del suelo, que son las que permiten que éste cumpla su función como reserva de agua, hábitat para plantas y animales, superficie de producción agrícola y otras funciones diversas.


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